Iniciando el Oratorio en San Pedro d Buenavista


jallalla40-def.jpgPor Pablo Ibarretxe,cmf en Jallalla nº 40

Un día martes 7 de abril iniciábamos el oratorio en San Pedro con los dos cursos de 1º Básico (6-7 años de edad) y con el interrogante personal de si sería capaz de adaptarme a la comprensión y mundo simbólico de los niños de esa edad. La respuesta a dicho interrogante ha sido y sigue siendo que es posible en la medida en la que soy capaz de abrirme a la sencillez, espontaneidad y confianza que los niños han mostrado en los encuentros del Oratorio. Y por ello, aunque no han faltado dificultades, el balance provisional es muy positivo, por la actitud de la mayoría de los niños que viven con espontaneidad la invocación, el canto y los pequeños gestos que van dando contenido a su expresión elemental de la fe.
Después de las primeras sesiones del Oratorio, la primera constatación ha sido la necesidad de adaptar y simplificar las fichas guía a la capacidad de los niños de 6 y 7 años de un ambiente rural y bilingüe (quechua y  castellano) como el de San Pedro. Por ello, el objetivo fundamental
del Oratorio está siendo captar la atención de los niños a través de un
lenguaje oral y gestual que despierte en ellos el sentido de la fe como una experiencia gratificante de encuentro personal y grupal con un Dios que es amor acogedor. Y en este sentido la dimensión afectiva de la oración está siendo un valor determinante para suscitar el interés y la apertura de los niños a la presencia del Dios Padre de Jesús.

 

Como era de esperar, la respuesta de los niños a la experiencia del Oratorio es diversa, ya que, como es lógico, está condicionada por el ambiente familiar que viven. Y así, a través de la actitud que muestran los niños, podemos ver padres que se preocupan por enseñar a sus hijos unos valores humano-cristianos básicos (como la escucha, el respeto, la fe…), y otros padres que, por desgracia, no son capaces de transmitir dichos valores.
De aquí surge el reto de llegar a los padres desde los hijos, de modo que
ellos también aprendan a valorar  la dimensión de la fe como un valor fundamental para la vida y, por tanto,  en el crecimiento y maduración de sus hijos.
Otro aspecto importante en el Oratorio es el papel que juegan los docentes de los niños. Su implicación y apoyo en el acompañamiento a esta experiencia es clave para cuidar detalles, como la atención, el orden y, en general, la actitud básica de los niños en el Oratorio. En este sentido, es de agradecer la actitud de colaboración que han mostrado, hasta ahora, los docentes de los cursos afectados con su acompañamiento a las sesiones
del Oratorio. Desde estas líneas quiero expresar mi agradecimiento a su
ayuda desinteresada.
Como decía al comienzo, el Oratorio exige a quien quiera entrar en él una
actitud de apertura hacia los más pequeños, para aprender de ellos lo que hemos olvidado con los años: Que el Dios Padre de Jesús quiere  manifestarse en todos aquellos que se abren a Él con corazón sencillo y se alegran por su presencia en la vida.
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