¿Por qué se están vaciando los confesionarios?


2905245063_eaf3f59d7e.jpgPor Julio Sanchez. Publicado en Vida Nueva el 27.11.2009

(Vida Nueva) Lo constatan las estadísticas y las experiencias cotidianas: la práctica del sacramento de la Penitencia atraviesa horas bajas. ¿Por qué? Y, más importante: ¿cómo evitarlo? Para el P. Pedro Fernández, penitenciario en la Basílica de Santa María la Mayor en Roma, la principal causa del abandono de este sacramento es “la pérdida del sentido del pecado y, más allá, una fe débil en Dios Padre de misericordia”, por lo que considera necesario que los creyentes recuperen el sentido de la culpa para que la práctica de la confesión deje de estar en crisis. El otro ‘Enfoque’ que Vida Nueva publica sobre el tema de la confesión es el del párroco de la iglesia madrileña de Santa Eugenia y Santo Domingo de la Calzada, Antonio García Rubio, quien no entra a analizar las razones de este alejamiento de los cristianos de los confesionarios, pero sí estima que el sacramento “ha de humanizarse y abrirse a la normalidad de una comunicación sencilla y humilde, entre hermanos que se aman y expresan el amor de Dios en su fragilidad“.

Pedro Fernández nos recuerda que “la condición necesaria para el perdón de los pecados es el arrepentimiento, que implica dolor de corazón por haber ofendido a Dios y propósito de enmienda para no volver a pecar. Pero la conversión no es posible si no sabemos de qué tenemos que arrepentirnos“, por lo que considera que “hablar de conversión sin hablar de los pecados es uno de los engaños típicos de la superficialidad actual”. ¿Cómo recuperar, por tanto, el sentido del pecado? Según el penitenciario de la Basílica romana de Santa María la Mayor, “el camino es la contemplación de Cristo crucificado, pues de la Cruz nacen las lágrimas del agradecimiento y del arrepentimiento. (…) la Cruz es el verdadero sacrificio de expiación de nuestros pecados”.

Antonio García Rubio utiliza algunos ejemplos de experiencias concretas en las que, de una forma sencilla y cercana, los creyentes se han acercado a él para confesarse, pues él defiende que “el sacramento de la Penitencia renquea, pero sigue vivo“, y que, además, “resulta necesario para los que viven de la fe“. El párroco de Santa Eugenia y Santo Domingo de la Calzada entiende el papel de los confesores como el de “hermanos sacerdotes que, en nombre de la Iglesia, proporcionan a otros hermanos el perdón y la experiencia de la cercanía amorosa del Padre, a través de Jesús, de su palabra y de sus gestos”. Ve, por tanto, el sacramento de la reconciliación como una “relación recíproca”: “Un hermano pecador oye y comparte con otro hermano pecador. Enseguida se estimula el encuentro con el HERMANO MAYOR”.

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