La “maternidad” de Dios


mision1.jpgL A P E D A G O G Í A MI S I O N E R A D E J E S Ú S

En Antenamisionera.org

Estamos acostumbrados a oír hablar de Dios como “Padre”. En casi todas las culturas la figura el “padre” es fuente de autoridad, es quien marca las normas.
La figura de la “madre” suele ser el contrapeso: fuente de comprensión, cariño, perdón.
Jesús recoge en su predicación la imagen materna de Dios, ya presente en el Antiguo Testamento.
Un buen ejemplo la llamada parábola del “hijo pródigo”. El “padre” deja libertad al hijo para irse de casa, pero cada día sale al camino a ver si vuelve… y cuando lo ve llegar no le permite disculparse, lo abraza, busca buenas ropas, organiza una fiesta… actitudes típicas de una madre…

La Palabra de Dios (Lc 15, 11-32). Parábola del hijo pródigo ( o del Padre Bueno).

Dios nunca mira hacia el pasado. Mira siempre hacia adelante. Su hijo ha vuelto a la vida y ha sido reencontrado. Eso es lo único importante. Sus entrañas maternas se conmueven. Sólo hay lugar para la fiesta. Ni el más mínimo reproche tiene espacio en el corazón maternal de Dios.

 

NO SOMOS ESCLAVOS DE DIOS

Jesús viene a devolver al hombre su libertad. Sólo una persona libre puede vivir como hijo de un Dios que tiene más de madre que de padre.
Por eso no tiene miedo a que sus hijos se equivoquen. Él estará siempre oteando el camino para organizar una fiesta cuando el hijo regrese.
No somos esclavos de Dios.
Ni Él quiere que lo seamos. Eso sí. Debemos asumir la responsabilidad de construir nuestra propia existencia. Eso a veces nos da miedo y renunciamos a ello.
Preferimos a la madre protectora que al padre que nos invita a arriesgarnos y llegado el momento mirar con sinceridad el camino que vamos recorriendo.
Si hay que seguir adelante: sigamos.
Si hay que volver atrás: tendremos la certeza de encontrar a alguien que nos espera.
¿Estamos dispuestos a arriesgarnos? O ¿preferimos que otros nos digan en cada
momento qué tenemos que hacer?

La misión necesita cristianos adultos

Vivimos una época de profundos cambios en la forma en cómo la Iglesia debe realizar su misión. Una época va quedando atrás; otra está naciendo pero hay
muchas cosas que aún no están claras. Por eso, la misión hoy necesita:

• Personas adultas, capaces de arriesgarse, equivocarse, recomenzar, buscar,
caminar en la inseguridad…
• Personas que vivan la misión en comunión con la Iglesia, pero no en dependencia infantilizante…
• Personas que tengan claro que su objetivo es el mismo de Jesús: construir el Reino…
• Personas que pongan el bien de cada persona por encima de cualquier ley o norma…
• Personas que vivan con gozo, en medio de dificultades y generen esperanza…

 

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