Anatomía vocacional


405390345_db2fa22e68.jpgQueridos amigos y amigas:La Pastoral Vocacional es una tarea metafísicamente –con perdón- comunicativa. Trata de hacer llegar la llamada personal de Dios a una persona singular. La Pastoral Vocacional hace, pues, de canal de transmisión. Y, aunque no es sólo cuerpo, sin más remedio esa transmisión necesariamente pasa por el cuerpo del “transmisor vocacional”. O es cauce o es barrera. Esto nos permite recordar ciertas “recetas” básicas del buen uso del cuerpo en la comunicación vocacional.

 ·                  Hablar sin palabras. Los mensajes no verbales son nuestra carta de presentación. La primera impresión que damos. Antes de abrir la boca, nuestro interlocutor ya se ha hecho una idea de cómo somos. Atención a nuestros gestos. Hablan sin voz. Esto es capital para la creación de la cultura vocacional que es cosa de todos y no solo del responsable oficial.

·                  La primera impresión. Se suele pensar que la comunicación con los demás empieza al intercambiar palabras. Y lo cierto es que ha comenzado mucho antes. Desde el primer contacto visual ya transmitimos mensajes. Así, la primera información que los otros reciban de nosotros depende sobre todo de lo que digamos sin palabras. Probablemente no sepamos explicar por qué ocurre esto. Pero lo hacemos todos sin excepción y en sólo unos instantes. Y los demás lo hacen también con nosotros. ¿Verdad que nos sería muy útil conocer qué dicen nuestro cuerpo y nuestros gestos?

·                  Mirar a los ojos. Está comprobado que enviamos y recibimos con los ojos más mensajes que con cualquier otra parte del cuerpo. El contacto visual es esencial para conectar con los demás. Esquivar la mirada es un signo de que se esconde algo. Mirar a los ojos -sin intimidar- es esencial para que crear un ámbito de confianza, primer motor que pone en marcha el acompañamiento. Es, pues, básico aprender a mirar a los ojos. Cualquier cosa que oculte la mirada directa limita nuestro potencial comunicativo.

·                  El idioma del propio rostro. Algunos investigadores indican que el cerebro humano tiene preferencia por los rostros felices y los reconoce más fácil y rápidamente. Es –como se ha denominado– el efecto “cara feliz”. Mostrar una sonrisa es una buena manera de generar una primera impresión positiva, si es que la sonrisa es auténtica y no “de profidén”. La sonrisa verdadera se detecta en los pómulos y en los ojos. Y si es exageradamente prolongada –de 5 a 10 segundos– será muy probablemente falsa. El otro busca expresiones faciales para saber cómo interpretar lo que le decimos. Nuestro rostro es el primer garante de la credibilidad de nuestras palabras.

·                  El mejor espejo. Pero, nuestros ojos no nos sirven para vernos a nosotros mismos. Para saber qué dice nuestros ojos o nuestro rostro necesitamos que alguien nos diga qué ha percibido de nosotros. Necesitamos un espejo. Sus comentarios, si son sinceros, nos sirven de reflejo. Con ellos podemos progresar y evitar cortocircuitos comunicativos.  Pero no olvidemos esto: el mejor espejo –que nunca engaña y revela tu verdad- es el evangelio. Jesús nos solo nos auto-revela mejor que nadie sino que, además, nos transforma en espejo limpio para otros. Eso favorece muchísimo la Pastoral Vocacional.No sería desafortunado participar en un sencillo Taller para adquirir o mejorar destrezas respecto al lenguaje vocacional de nuestro cuerpo. Vuestro hermano y amigo.Juan Carlos, cmf

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