Un momento


4357293529_9d31c11e25.jpgUna persona humana – y mucho más si es creyente – es aquella que asume responsabilidades. Nunca se escaquea ni  piensa en cargar sobre los otros las responsabilidades que a ella le incumben.

 

Hay en algunos sectores la idea de que el cristiano se refugia en su iglesia y en su oración para no mojarse o alejarse de los riesgos del mundo. Es todo lo contrario. Si echas un vistazo a los Medios de Comunicación Social, te darás cuenta de que es la Iglesia la que se moja en todos los sitios de marginación.

 

No seas, por favor, de esos que andan con los tópicos de las riquezas del Vaticano y de las Catedrales. Con piedras no se come. Además, ¿no sabes que los tesoros de los museos son patrimonio de familias donantes y cuyo testamento no se puede alterar?

 

Deja aparte los tópicos y, si eres una persona de verdad, lánzate al mundo de los que te necesitan. ¿Qué haces con tu vida vacía, entregada a vivir la deshumanización del consumo?

 

No hay persona que no sufra en sus adentros más profundos las heridas que causan las injusticias. Y tú, tan tranquilo y tan pancho, “pasas” de todo.

Bueno, no de todo, no pasas de tu mediocridad. Porque, al fin y al cabo, ¿qué es un pasota sino un ser vegetativo, sin rumbo y sin una motivación altruista en su vida?

 

No verás a un creyente auténtico fundir sus dineros y su tiempo en la comercialidad consumista. Y si no se hunde es porque la llama viva de la fe en Cristo le ayuda a mantenerse erguido allá donde tantos otros fracasan o se encaminan hacia la frustración.

 

 

Henry Ward Beecher, escritor inglés, afirmaba: ”Es el fracaso lo que torna el hueso en piedra; el cartílago en músculo, lo que hace a los hombres invencibles”.

 

La confianza activa en Cristo te remueve las entrañas por compartir tu vida con los que nadie quiere. ¿Hay riesgo mayor que éste? El creyente es invencible porque dentro de él habita la fuerza de Dios.

 

Truman Capote, escritor estadounidense habla así: ”Todo fracaso es el condimento que da sabor al éxito”.

 

Lo tienes claro: Si no sufres nada porque no te “mojas” en nada, ¿qué puedes saber tú del éxito y de la alegría que aporta la confianza?

 

¿Cómo te afecta el fracaso?

¿Te sueles hundir en depresiones?

¿No será que te falta la confianza en ti mismo?

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