Un momento para tu reflexión


2757678358_e6d1133ffa.jpgConoces a personas -quizá tú mismo- que están bloqueadas ante Dios. Les cuesta trabajo abrirse a la misericordia de Dios. En el fondo de todo esto, puede que tú mismo sientas deseos de abrirte pero, sumido en tus preocupaciones diarias, lo olvidas o lo tienes aparcado para momentos de enfermedad grave, de acontecimientos singulares o de celebraciones

familiares: bodas, bautizos, primeras comuniones, funerales…

A Dios, persona que habita en ti aún sin darte cuenta, le encanta que te dirijas a él como a un amigo, o como un hijo hace con sus padres.

Y justamente cuando tu corazón está más desorientado y tu oración te parece inútil, es cuando Dios está más cerca de ti.

La humildad es una cualidad que si la cultivas en tu persona, te abre a Dios. El chulo y el soberbio pasan de Dios. ¿Sabes por qué? Porque están llenos de sí mismos y dicen que no les hace falta nadie. Ni siquiera Dios.

Lo ven lejano, distante y despreocupado de los hombres.

Cuando haya días en tu vida en los que todo lo ves negro, confíate plenamente a Dios. El es más grande que tus preocupaciones. El las asume, las coge y las introduce en su corazón de Padre para alentarte siempre a vivir su presencia bienhechora en tu vida.

  Una pregunta persiste: si Dios lo sabe todo, ¿por qué dirigirle oraciones explícitas? Cristo ilumina este misterio: él mismo rezó con palabras, a pesar de que Dios conocía toda la intención de su corazón.

Te digo una cosa: Si no haces mucha oración, tu vida de creyente se desorienta en seguida. La plegaria es la oxigenación de tu alma y de tu existencia. Si te falta su aire, te ahogas pronto. Creyente que no ora, fenece cual hierba de otoño.

Recuerda unas palabras de Jesús: “Haced el bien a los que os aborrecen y orad por los que os persiguen y calumnian. Pues si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis?”

O bien estas palabras de Raimundo Pánikkar: “Una verdadera conversación no es una repetición de un trozo de vida ya vivido, sino un trozo de vida mío inédito todavía. Por eso voy al diálogo a vivir, a orar juntos”.

¿Te abres a Dios al levantarte y al acostarte?

¿Te desalientas por la rutina de caer en lo  mismo siempre?

¿Sabes que Dios es amor y no un “guardia urbano que pone multas”?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s