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silueta_mujer.jpgMI VOCACIÓN COMO SACERDOTE DIOCESANO . Por Luis Melchor

¡Paz y bien! Soy Luis Melchor, joven de 24

¡Paz y bien! Soy Luis Melchor, joven de 24 años, recién ordenado sacerdote en la Iglesia que peregrina en Madrid. Camino ahora en la parroquia de San Valentín y San Casimiro, del madrileño barrio de Vicálvaro. Aunque, nunca puedo dejar de decirlo… recibí mis primeros sacramentos en la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Pozuelo de Alarcón, tierra que siempre llevaré en mi corazón, pues me dio el mayor tesoro de mi vida: mi fe.

1. Por tu experiencia, danos alguna pista para aprender a conectar: con uno mismo, con los demás y con Dios.

Sé que es difícil de entender que siendo tan joven ya me haya consagrado a Dios para la eternidad. Pero me ha resultado mucho más sencillo de lo que muchos piensan. Mi primer paso fue contemplar la realidad: mi corazón se estremecía irremediablemente cada vez que escuchaba, tenía cerca o veía por la televisión algo de dolor, algo de sufrimiento, algo de todo lo malo que realmente hay. “¿Y qué puedo hacer yo?”, pensaba rápidamente. Pero no encontré la respuesta. Fue otro quien me la dio: “Consolad, consolad a mi pueblo”; “Dadles vosotros de comer”. Dios me pedía cosas muy claras, pero yo no sabía cómo llevarlas a cabo.

2. ¿Hay alguna persona/s cuyo testimonio haya sido fundamental para que hoy seas lo que eres? (en tu vocación)
Ahora comprendo que gracias a que Dios se hizo hombre, los hombres son para mí instrumentos de Dios. Primeras salidas con los amigos, primeras novias, primeras experiencias que yo creía que eran “de mayor”… Pero mi corazón no acababa de colmarse. Sin embargo, ver a un sacerdote hacía que mi corazón saltara de alegría. “¡Qué cosa tan rara!” Ciertamente, no me hacía ninguna gracia sentir estas cosas. Pero tampoco podía negarlas. Finalmente comprendí que esa era mi llamada, ese era mi lugar, ahí estaba mi tierra prometida: ser sacerdote era para mía la promesa de salvación y felicidad que Dios me hacía. ¡Y qué gran verdad! ¡No cambio esto por mil tesoros en el mundo!

3. ¿Es verdad que Dios sigue llamando a la gente a algo? Por tu experiencia, ¿qué tengo que hacer para escucharle?
Estoy plenamente convencido de que Dios sigue llamando. Dios nunca se ha callado, pero su respuesta a todas esas grandes preguntas que los hombres y las mujeres de hoy nos hacemos, no tenemos que esperar que vengan en forma de fuegos artificiales, truenos, relámpagos y trompetas. Todos aquellos que sienten la llamada de Dios que les dice “Ven y sígueme” son la respuesta viva de Dios, sus enviados, pregoneros y mensajeros del mensaje de la esperanza y la salvación. ¿Cómo escucharle? La tarea más difícil es ser sincero con uno mismo, con la alegría que brota del propio corazón. Demasiadas veces hacemos callar a nuestro corazón, nos apartamos de los lugares o de las personas que verdaderamente hacen saltar de alegría nuestra vida. Una vez que se ha conseguido esto, ya nos habremos lavado los oídos para que Dios pueda hablar y nosotros podamos escuchar.

4. Si volvieras a nacer, ¿elegirías de nuevo tu vida? ¿por qué?
¡Por supuesto! “Todo coopera para el bien de los que aman a Dios”. Estoy tan convencido de esto que doy por hecho que elegiría esta vida. Todo lo que he vivido me ha enseñado poco a poco a seguir caminando hacia el norte. Además, Dios mismo, que ha iniciado en mí esta obra buena, él mismo la llevará a buen término.

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