¿Lo urgente es esperar?


El título del cuaderno 1 que estamos usando en este tiempo de Adviento es: “Lo más urgente es esperar”. Parece una perversa provocación. ¿Esperar? Lo que hace falta es acabar cuanto antes con este sistema neoliberal que nos ha llevado a la crisis financiera, económica, laboral y social que estamos padeciendo. La repercusión mediática es enorme. Estados Unidos y la Unión Europea viven horas bajas. Estas dos potencias son las que controlan básicamente el mundo de la información. Viendo las cosas desde África, a uno le entran ganas de decir: “Ojalá se hunda el sistema cuanto antes para que haya una reacción sensata y no se vuelva a construir la casa común sobre la arena de la especulación sino sobre la roca de la productividad y la solidaridad”.

Es imposible hacer los ejercicios del cuaderno 1 pensado solo en la pequeña intrahistoria de cada uno de nosotros. ¿Qué importancia tiene una herida de la infancia o un conflicto comunitario en comparación con las repercusiones que esta crisis está teniendo en millones de personas que se ven abocadas a perder su empleo y a entrar en la espiral del sinsentido?

¿Lo más urgente es esperar? Sí, más que nunca. Porque la esperanza nos da la justa medida de lo que sucede. Mientras los periódicos hablan de miles de casos de cólera en Haití, de violencia en México y Río de Janeiro, de tensión entre las dos Coreas, de mercados inestables en Estados Unidos y Europa …, la lectura continua del profeta Isaías va poniendo las cosas en su sitio. Dentro de un tiempo, las noticias de los periódicos habrán sido sustituidas por otras más recientes. La Palabra de Dios, sin embargo, seguirá diciendo lo mismo, lo que de verdad no pasa de moda. Hablará claramente de la destrucción de este mundo infiel: “Sión, la capital, ha quedado como cabaña de viñedo, como choza de melonar, como ciudad sitiada”. Pero, sobre todo, pondrá ante nuestros ojos la visión de lo que Dios va a hacer: “Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor … hacia el confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos … De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzara la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra”.

Si, a través del ejercicio diario de la “lectio divina”, la Palabra de Dios no recreara en nosotros la esperanza de que la historia no se le escapa a Dios de las manos, ¿cómo podríamos seguir viviendo con un mínimo de alegría? ¿Cómo podríamos empeñarnos en hacer las cosas mejor? ¿Qué motivos tendríamos para denunciar lo que está pasando y contribuir a crear una cultura más humana? Quizás el título del cuaderno 1 no es tan ingenuo como parece: “Lo verdaderamente urgentes es esperar”. Del “principio-esperanza” surge una energía irresistible.

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