¿Hacia una Congregación de ancianos?


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i las cosas siguen como van, dentro de unos años, la parte occidental de la Congregación será un reducido conjunto de comunidades, con una mayoría de ancianos. En los últimos cuarenta o cincuenta años, dado nuestro bajo índice de ingresos y el número de defecciones- la población congregacional bajará significativamente en las zonas de Europa y de las dos Américas. Es decir, que si hacemos caso a estos datos, vamos camino de convertirnos en esas áreas en una “congregación de la tercera y cuarta edad”.

A

unque las estadísticas suelen equivocarse bastante, porque no suelen tener en cuenta los saltos cualitativos ni los imprevistos históricos que pueden darse, creo que estos datos deberían hacernos reflexionar. 1)      Primero, para propiciar estrategias pastorales y de espiritualidad que fomenten más aún la satisfacción vocacional y el amor activo por las nuevas vocaciones. Llevamos décadas en que lo que más predomina ha sido primero, la alarma inoperante, y, a continuación, la resignación paralizante. Pareciera que lo único importante fuera contar con nuevos claretianos que rellenen huecos, al margen del sentido con que se nos presenta el futuro y de otras dimensiones espirituales, fraternas o pastorales. 2)      Segundo, para seguir apoyando las recientes políticas de destinos y de reestructuración de Organismos con todo lo que ello supone, donde no debería faltar la dimensión vocacional. En cierta ocasión me comentaba un claretiano que, siguiendo la política que manejó el P. Xifré, en la actualidad no tendríamos problemas vocacionales. Hay una verdad en ello. Si todos nos abrimos a la solidaridad y a los intercambios, si circulan las personas y, con ellas, las nuevas inquietudes de vida y de misión, esta Congregación nuestra no llegará a ofrecer en ningún lugar el rostro de “reserva para ancianos”. Pero ello hace absurdo seguir pensando en claves cerradas de Provincia y, además, exige contar con una notable tasa de disponibilidad por parte de unos y de acogida por parte de otros.3)      Junto a estos factores hay otro decisivo: Está cambiando el propio concepto de anciano. No sólo se está prolongando la edad. Conozco claretianos entre setenta y ochenta años que rinden brillantemente para la Congregación y para la Iglesia. Habría que releer a Cicerón y su “De Senectute” para revalorizar la sabiduría de la edad. Por todo eso y por el factor sorpresa ínsita en la urdimbre misteriosa de la historia, nunca creí en la tiranía de cifras.

L

a Pastoral Vocacional diariamente se las tiene que ver con estos datos y hacer equilibrios con interpretaciones, para no extraviar la esperanza. Y desde estas líneas dirige su “silencioso grito” que pretende conquistar el corazón de los claretianos para que entre  todos creemos con más firmeza una cultura vocacional. Crearla exige pasar por el necesario camino de la interculturalidad y de la misión compartida. Y, aunque siempre se sienta tantas veces lejos de conseguirlo, la Pastoral Vocacional no debe cejar en el intento.       Juan Carlos cmf

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