Dramática situación en Costa de Marfil


Sivory-sfspan1302715929_thumb125_.jpgoubré, Cote d’Ivoire. Tal vez esté próximo el fin de la larga crisis de violencia que ha golpeado este pais. El 11 de Abril, las fuerzas leales al Presidente legitimamente elegido Alassane Ouattara, apoyadas por fuerzas francesas y de la ONU, han arrestado al ex presidente Laurent Gbagbo. El ex presidente, aferrándose al poder, se había atrincherado durante más de una semana en su residencia, transformada en un “bunker”.
Sin embargo, aún se viven secuelas de muerte y destrucción. Desde Soubré, una de las misiones claretianas en este pais, el Père Las Zbigniew cmf, ha escrito una dramática carta al P. General para ponerle al tanto de los padecimientos de este pueblo.Père Las Zbigniew, cmf

En claret.org

Soubré, Cote d’Ivoire, le 08.04.2011
Querido Padre General,
Sabemos que usted sigue con atención lo que pasa en Côte d’Ivoire. Quiero ahora informarle de los sucesos que ha habido en nuestra misión de Soubré estos últimos días.
Después de 4 meses de negociaciones sin resultado, el 28 de Marzo de 2011, las fuerzas pro Quattara, que ahora se llaman « la fuerzas republicanas », han comenzado una ofensiva en varios frentes. Sabíamos que estos soldados se acercaban de Soubré.
El miércoles por la mañana, ya había casi 20 personas escondidas en la capilla de la misión. Son, sobre todo, de gente de la etnia del ex-presidente, niños y mujeres de policías. Todos tenían miedo de la venganza de los que venían. Los primeros disparos de los kalachnikovs se han oído en la ciudad.
Hacia las dos de la tarde, tuvimos la « visita » de las fuerzas republicanas. Yo estaba en mi habitación, pegando a la capilla, cuando oí los gritos terribles y los disparos de armas automáticas. Salí corriendo. « Han entrado aquí » gritaban todos. Vi a un hombre armado qui andaba de prisa entre las mujeres y los niños costados en el suelo, espantados. Se dirigió a la sacristía, al otro lado de la capilla. Tuve que salir afuera para poder llegar hasta ellos. Una vez fuera, tuve justo el tiempo para ver a 4 hombres armados. Cuando estuve con el hombre armado en la capilla, le pedí que saliese de la casa de Dios con su arma. En ese momento, ya se dirigía hacia la salida. Pero, antes salir, me grito a los oídos, enseñándome su kalachnikov : « La llave del coche ! » El Hermano Jean me dio la llave. El coche estaba estacionado detrás de la nueva casa, a una distancia de unos cien metros
de la misión. Durante el camino, probé de discutir, de persuadir a mi agresor que era nuestro único medio de transporte. Que el coche, un pick-up 4×4 – sabían que teníamos uno, probablemente por los jóvenes musulmanes a la entrada de la misión – se había ido con la policía que huía delante de ellos, hacia Abidjan. (Lo siento, no era verdad. Este coche pudo esconderlo el Hermano Jean en la selva justo una hora antes de que llegasen a la ciudad.)Me han pedido que arrancase el coche. El hombre que estaba al volante parecía convencido ante mis explicaciones y dudaba… otro, quizás el jefe, cortó la discusión por lo sano. « No tratamos de Dios, dijo él, sino del coche » Suban, nos vamos. » Ante el argumento de su arma, no cabía más diálogo.
Su salida de la misión nos parecía un triunfo : los jóvenes musulmanes, a la entrada de la misión aplaudían. Una vez fuera, quitaron la placa de inmatriculación del coche. Por la noche, había, en la ciudad, unos treinta coches, sobre todo de 4×4, y también otros coches pequeños como el nuestro, sin placas de inmatriculación.
De vuelta a la capilla, por micrófono, procuré calmar a la muchedumbre escondida aquí. « No tengan miedo. Han visto que no son ustedes a los que buscaban. Han cogido lo que querían y se han ido. Salgan a respiran por 20 a treinta minutos ». Salí para tomar una ducha. A través de la ventana, oí, otra vez el pánico y vi a un grupo de tres « soldados » que corrían hacia la misión para volverse en seguida. Luego supe que ésos vinieron también a buscar el coche. Nuestro jardinero le dijo que sus compañeros ya habían venido y se lo habían llevado todo.

No sé cuántos era, 6 u 8 personas. Sus maneras eran salvajes, agresivas, imprevisibles. Todos ellos estaban borrachos, bajo el efecto de la droga. Estaban muy excitados, como tuviesen placer en aterrorizar y disparar a la gente y ver su miedo. Se calmaron un poco al ver que nosotros no ofrecíamos resistencia. Sólo el chófer y el jefe mostraban una actitud « normal ». Hasta entrada la noche, se podían oír los disparos esporádicos.
Llame al obispo. No conseguí contactarle. Yo le di las noticias a través de su secretario. Por la noche, conseguí llamar al obispo varias veces para informarle de los momentos dramáticos que vivíamos.
Los miércoles tenemos la misa a las 18h30. Nuestro ritmo ordinario consiste en las Vísperas comunitarias a las 18h, el rosario y la misa. Conseguí hacer salir de la capilla, dividida temporalmente en tres secciones, – dormitorios, e iglesia – a todos los no-cristianos. Les advertí que sus fetiches perderían su fuerza si se quedasen y perturbasen nuestra liturgia.
Es entonces que nos dimos cuenta de que los cristianos, nuestros feligreses, no somos nada más que una pequeña parte de esta muchedumbre de refugiados. El « Padre Nuestro », cantado con manos juntas, y el signo de la paz, cantado también, el abrazo fraterno, nos han permitido olvidar el miedo, la incertidumbre. O, quizás, prepararnos a lo que debía pasar por la noche.
Hacia las 22h, la misión estaba rellena de gente : quizás más de 800 personas. Un centenar encontraron refugio en el convento de las monjas, del que nos separa una valla. Precisamente, ha sido en el convento que han comenzado los problemas. Un grupo de « soldados » ha venido a registrar la casa de las Hermanas, en la escuela de mujeres. Alguien le ha informado que esconden armas ! Han hecho salir a todos los hombres. Han hurgado por todos los rincones de la casa… No han encontrado nada, han dicho a las mujeres y a los niños, refugiados con las Hermanas, que tenían buenas intenciones, que están aquí para proteger a la población, que no tienen que tener miedo de ellos. Visiblemente adulados por los aplausos de las mujeres, se han marchado y permitido a los hombres de entrar. Sin embargo, al ver el pequeño choche de las Hermanas estacionado allí, pidieron la llave. El coche tenía una rueda pinchada y el depósito de gasolina vacío. Lo que le puso de mal
genio. La hermana responsable fue insultada.
No habiendo encontrado nada en casa de las Hermanas, volvieron a la nuestra. Mucha gente, cansada del día pasado, ya dormían en la capilla. Ha sido el Hermano André quien le ha encontrado. Al decirles que no entrasen en la casa de Dios, que la gente dormía, que somos misioneros, que no encontrarían nada aquí, el Hermano tuvo como respuesta : « Me río de todo éso… misioneros, yo soy musulmán » !
El Hermano Jean vino a verme, dejando a los « soldados » entrar en donde estaba la gente. Un hombre se escondió en casa y me suplicó que no les dijese que estaba aquí… Él creía que a él a quien realmente buscaban – él había hecho campaña electoral por el ex-presidente -. Diez minutos más y se fueron. Había tanta gente, todos acostados, unos contra otros, que los soldados no han podido entrar en la capilla. La calma ha vuelto y una hora después, la capilla, no era nada más que un dormitorio. En casa, el sueño no ha sido fácil. Es la segunda noche que paso sin dormir.
Por la mañana, mucho antes de la alborada, la gente comenzaba a salir. A las 6h30, cuando la campana sonó, la capilla ya estaba vacía. Solamente se quedaron les cristianos para la misa de las 7h.
La capilla barrida, limpia, los bancos bien en orden – como si hubiese pasado nada ! El canto de entrada, fuerte, como de costumbre. Los fieles eran mucho más numerosos que de costumbre.
Confieso que mi voz… un nudo en la garganta con la emoción al ver a toda esta desde hace más de diez años y que conozco mu bien y verles aquí, rezando, con coraje, todos juntos.
Yo estaba contento de que fuera el joven vicario Wojciech quien presidía los Laudes y la Misa.
Querido Padre, Me doy cuenta de que mi relato es bastante largo ; no era mi intención. Corto aquí, esperando que mañana pueda continuar en Internet, si no está desconectado.
Me queda dar unas informaciones importantes, según yo, de la organización de toda esta acción militar al nivel de la ciudad – los frutos de mi cita con el Prefecto, el Capitán, encargados de la seguridad de la ciudad. Esto ayudará a comprender el peligro de anarquía que se instala, a pesar de la buena voluntad de las fuerzas republicanas.
Me queda contar la historia del Miércoles pasado, cuando un soldado » me apuntó con su arma para exigirme dinero por el coche que el Hermano Jean había escondido en la selva y que fue descubierto por « soldados ladrones », con la complicidad de otras personas…
Gracias por las oraciones de nuestros hermanos.
Estamos en las manos y en el Corazón de María. Losé.
P. Las Zbigniew, cmf.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s