Testimonio ante la muerte de un misionero joven


Con mucho respeto y uniéndome al dolor y esperanza en los últimos momentos de la vida de Ildefonso (Ilde) García Palacios, joven misionero claretiano, os ofrezco el testimonio de su formador en estas últimas horas que le quedan de vida.

Os pido que después de leer este testimonio oremos por Ilde y su familia y pidamos a Dios que le acoja en sus brazos de amor y ternura a este joven misionero. Para todos nosotros es un bello testimonio de amor y confianza en Dios.

“Queridos hermanos:

Después de enviar este mensaje a un amigo, que me preguntaba por la situación de Ilde, he pensado que podría enviároslo también a vosotros y quizás -con vuestra ayuda- hacerlo llegar a otras muchas personas que han mostrado un gran interés y afecto por nuestro joven hermano.

No sé si todos estáis informados de que la enfermedad de Ilde se encuentra en su última fase y que en cualquier momento podría producirse el colapso de los pulmones, inundados de metástasis, o un dolor tan agudo y persistente que obligue a tenerlo sedado hasta que se produzca el desenlace final (¡nunca fatal para los que somos creyentes!).

Lo que seguramente sí sabéis es que el pasado día 23 Ilde pudo hacer la profesión perpetua en la capilla del hospital, lleno de alegría y satisfacción por haber alcanzado esta meta tan deseada. Luego su estado mejoró un poco y pudo ser dado de alta para regresar a la comunidad. Pero, a los pocos días, la situación volvió a agravarse con fiebre alta, agudos dolores, vómitos continuos… No hubo más remedio que hospitalizarlo otra vez y así, desde el día 12 de noviembre, Ilde se halla en la Unidad de Cuidados Paliativos. Los médicos le pronostican poco tiempo de vida, quizás sólo unas horas o, a lo más, unos pocos días. El pasado miércoles por la mañana tuve que comunicarle la previsible inminencia de su muerte, y desde entonces Ilde ha estado despidiéndose personalmente de los familiares y amigos más allegados, mostrando en todo momento una gran serenidad, lucidez y entereza. Nuestro joven hermano tiene inmensa confianza en el Señor y desde que sintió el primer zarpazo del cáncer está viviendo en una permanente comunión con Él, experimentando toda la fuerza de su amor y su consuelo. Más de una vez en estos últimos días nos ha dicho que se siente feliz de morir abrazado a Jesús, su gran tesoro. Los que tenemos el privilegio de compartir esta profunda experiencia espiritual, así podemos verlo y palparlo en múltiples ocasiones y detalles. Sí, en medio del dolor y la debilidad, somos testigos de una verdadera obra maestra de la gracia, que a todos nos está impactando y edificando enormemente. Y -aunque pueda parecer increíble- en más de una ocasión, incluso ayer mismo por la tarde, hemos estado riendo con él a carcajadas, contando chistes y anécdotas familiares. De verdad, en algunos momentos parecía que estábamos en la antesala del cielo.

Esto no quita que estemos viviendo también otros momentos muy duros. Pensad, por ejemplo, en su familia. Anoche pudieron llegar a Granada sus padres, sobrecogidos por la perspectiva de tener que despedirse de su hijo… La providencia de Dios y el buen hacer de los médicos han permitido que puedan volver a encontrarse cuando Ilde todavía se halla plenamente lúcido y sereno. Esperamos que se mantenga en estas condiciones hasta que lleguen sus hermanos mayores, enrolados en el ejército, y los dos más pequeños, que llegarán esta tarde también en vuelo desde Tenerife. Así, Ilde podrá ver cumplidos sus últimos deseos y -cuando Dios le llame- entonar su “Nunc dimittis”.

Entre tanto, todos seguimos muy unidos en torno a él, en una cadena de oración y afecto que alcanza hasta los extremos remotos de la tierra. Es la ventaja de formar parte de una congregación misionera, extendida por todo el mundo, y de una comunión más grande que no conoce fronteras de espacio o de tiempo. Tenemos una gran “nube de testigos” que nos ayudan a mirar a la muerte de cara, sabiendo que, ya vivamos o muramos, estamos siempre en las manos amorosas del Señor de la Vida.

Un abrazo muy fuerte de vuestro hermano in C.M.,

Pepe Hernández cmf.”

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