Cuatro retos del Cristianismo en Europa


Toma de vidanueva.es 11.05.12

De Luis-González Carvajal.

Cómo vivir la fe en una situación de increencia

gente en misa en una iglesia casi vacía

LUIS GONZÁLEZ-CARVAJAL SANTABÁRBARA, sacerdote y teólogo, profesor de la Universidad Pontificia Comillas | La increencia de la sociedad actual, el imparable desarrollo tecnológico, un estilo de vida que prima la opulencia, o la secularización interna de la Iglesia son algunos de los múltiples retos a los que se enfrenta hoy el cristianismo en la Europa del siglo XXI.

Sin embargo, lo que a primera vista aparecen como dificultades para vivir la fe, pueden convertirse en oportunidades si intentamos entender sus causas y buscar una respuesta adecuada a las exigencias que se plantean.

Son muchos los retos a los que debemos enfrentarnos los cristianos en nuestros días. En un libro publicado hace unos años, desarrollé trece: desde el capitalismo global hasta el lugar de la mujer en la Iglesia.

En esta ocasión, reflexionaré solamente sobre cuatro –reelaboro uno de aquellos trece y añado otros tres–, porque el espacio disponible no permite más. Estoy seguro, sin embargo, de que los lectores agradecerán esa limitación porque, como decía Oscar Wilde, quien pretende agotar un tema, acaba agotando a sus oyentes.

Los cuatro puntos son: vivir la fe en una situación de increencia, sabernos hijos de Dios en una civilización endiosada por los éxitos, vivir parca y solidariamente en medio de una sociedad opulenta y evitar la secularización interna de la Iglesia.

La increencia actual

En los últimos cincuenta años han aumentado mucho los que se declaran “no creyentes” (alrededor del 10% de ateos y del 11% de indiferentes), pero, además, la mayoría de quienes se autoidentifican como “católicos no practicantes” se consideran tales por motivos culturales, no por motivos religiosos, siendo en realidad indiferentes.

Recordemos un famoso artículo de Benedetto Croce –ateo y anticlerical, como es sabido– titulado “¿Por qué no podemos no llamarnos ‘cristianos’?”. Evidentemente, quería decir que era culturalmente “cristiano” y, por eso, escribió esa palabra entre comillas.

En los últimos 50 años han aumentado mucho
los que se declaran “no creyentes”,
pero, además, la mayoría de quienes
se autoidentifican como “católicos no practicantes”
se consideran tales por motivos culturales,
no por motivos religiosos.

Por otra parte, la increencia actual tiene mayor relevancia cultural de la que correspondería por su número. Eloy Bueno ha estudiado más de un centenar de novelas españolas publicadas en las últimas décadas, privilegiando las más influyentes, tanto por su éxito de ventas como por su calidad literaria. Exceptuando las de José Jiménez Lozano y Miguel Delibes, no fue capaz de encontrar en dicha muestra ninguna novela cuyos protagonistas reciban del cristianismo el aliento de su vida o la dignidad de su existencia.

“La religiosidad queda reducida de modo exclusivo al período infantil o a la angustia de esposas reprimidas. La experiencia religiosa es un fenómeno infantilizador y culpabilizador, presentado siempre con tonos ridículos y peyorativos”.

La protagonista de una novela de Lucía Etxebarría, por ejemplo, describe a sus compañeras de colegio como un “rebaño de criaturas dulces y bovinas, que aún iban a misa todos los domingos”; un personaje de Ray Lóriga dice que a su hermano “le han vuelto un poco loco los curas con tanto pecado, tanto demonio y tanta mierda”.

Es verdad que las novelas describen casi siempre un escenario de ficción, pero elaborado con elementos que sus lectores consideran reales, plausibles, modélicos. Algo parecido podríamos decir de los medios de comunicación social más influyentes. La Iglesia aparece en ellos como una institución nefasta en la historia y en el presente de España: buscando únicamente el poder, no ha tenido reparos en recurrir a la violencia para reprimir a los disidentes y bloquear el ejercicio de la libertad.

La sociología del conocimiento ha puesto de manifiesto la influencia decisiva que tienen frecuentemente las opiniones de quienes nos rodean sobre nuestras propias opiniones. Aplicado a nuestro tema, quiere decir que nadie puede vivir rodeado de increencia sin que le afecte. Por eso hace ya tiempo que viene hablándose de la increencia de los propios creyentes.

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