GPS Vocacional


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Carta vocacional mensual de Juan Carlos Martos,cmf.

En nuestra comunidad tenemos un GPS. Resulta cómodo y seguro viajar con tal aparato. Se anota en la pantalla el punto de salida y el de llegada y mientras conducimos el automóvil, vamos recibiendo las oportunas instrucciones. Si sufrimos algún error una voz nos advierte que va a recalcular el itinerario. Funciona, según me dicen, gracias a 24 satélites que cubren al detalle la superficie del planeta y envían continuamente señales a cada receptor. Dicen que este extraordinario artilugio fue inventado con finalidad militar por las grandes potencias y como tantas otras cosas ha pasado a ser de uso común.

¿No deberíamos los animadores vocacionales ofrecer a cada uno de nuestros jóvenes un artefacto parecido para ayudarles a circular vocacionalmente por la vida? Hay tantos reclamos, carteles y letreros contradictorios que, a menudo, les desorientan y les pierden. Pero pensándolo mejor, la verdad es que todos, también ellos, tenemos incorporado un receptor de ondas en nuestro interior y que, desde más allá de los satélites, Dios nos envía las oportunas señales de orientación.

Estamos dotados de inteligencia, instrumento capaz de percibir y registrar llamadas estemos donde estemos. Hemos sido dotados de libertad, que proporciona la energía necesaria para tomar decisiones. Tenemos también conciencia, que detecta los caminos seguros y advierte de peligrosas desviaciones.

Si para viajar con el GPS hay que señalar el punto de salida y el punto de llegada, para  vivir en clave vocacional también hay que conocer con exactitud el punto de partida y el destino, no solo para los pequeños trayectos que permiten alcanzar esta o aquella cosa, sino para la totalidad del viaje por eso que llamamos “nuestra vida” sin caer a veces en la cuenta de que más que “nuestra”, es prestada.

Y, ¿qué ayuda podemos ofrecer a nuestros jóvenes? La primera, advertirles que su razón y la conciencia son dos maravillosos aparatos conocer la propia vocación pero que, si se utilizan poco, terminan estropeados. Razonar para encontrar la verdad más profunda, para distinguir la buena de la mala elección, lo que es a la larga más útil aunque a la corta sea más penoso, lo saludable de lo nocivo, es un arduo trabajo al que no se debe renunciar aunque resulte más cómodo aceptar lo que ofrece el mercado de la superficialidad, del ruido, de la publicidad o del consumo. Aunque parezca lo contrario al principio, es muy peligroso deambular por caminos que prometen mayor cantidad de placer y evitan responsabilidades y preocupaciones.

Incluso la conciencia puede protestar durante un tiempo por el mal uso que se hace de la razón y de la voluntad; pero termina por enmudecer si se la soborna o degrada con una vida mediocre y egoísta. Lo que forma -o deforma- la conciencia es el estilo de vida. Si no se vive como se piensa, se acaba pensando como se vive.

Ser animador vocacional consiste en enseñar a otros el funcionamiento del GPS del evangelio: Cómo introducir el punto de partida y cómo seguir la voz que indica infaliblemente el trayecto acertado entre el ahora y el mejor de los futuros, que siempre pasa por el Amor con mayúscula. Ese GPS evangélico da además algo que no lo da el del automóvil de la comunidad: una invencible energía para mantenerse siempre en camino.

 

Juan Carlos cmf

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