LES LLAMARÁN BEATOS Mártires de SIGÜENZA Y FERNÁN CABALLERO


En clave claretiana, los nombres de Barbastro, Cervera y Fernán Caballero se remiten unos a otros. Son tres nombres de otras tantas epopeyas protagonizadas por jóvenes claretianos con el corazón lleno de ilusiones proyectando su vida hacia el mundo entero. Todos estaban forjados en la misma fragua del Corazón de María al estilo de San Antonio Mª Claret; sus ilusiones coincidían, por eso “unos y otros, consagrados a Cristo y al servicio de su Reino, dieron testimonio de la fidelidad del seguimiento hasta la cruz.” (Cfr. Caminar desde Cristo, n.9)
Los jóvenes de Barbastro ya fueron proclamados Beatos por el también Beato Juan Pablo II. El proceso canónico de la Causa de Beatificación de los jóvenes mártires de Cervera, aunque ralentizado, nos ofrece la ocasión para vivirlo como un tiempo de peregrinación en la meditación y en la imitación del heroismo virtuoso de nuestros hermanos.
Los jóvenes mártires de Fernán Caballero, serán proclamados Beatos en octubre de 2013.
Con ellos formará grupo el Hno Felipe Glez de Heredia, mártir en Fernán Caballero tres meses más tarde,
y el P. José Mª Ruiz Cano, de 29 años, mártir en Sigüenza (Guadalajara) 27 Julio 1936 – Sigüenza (Guadalajara)
El Padre José Mª se despidió de sus seminaristas: -¡Adiós, hijos míos!, y los bendijo. El coche partió del pequeño pueblo de Guijosa camino de Sigüenza. Al llegar al término del monte del Otero, una voz ordenó al Padre que bajara. Sonó una descarga de fusiles y el Siervo de Dios se desplomó en cruz. Era la una de la tarde. Uno de los milicianos comentaría más tarde: “Como aquel fraile que estaba con estos chicos, que aún decía que nos perdonaba cuando le íbamos a matar”.
En la falda del Otero, en el lugar del martirio, está clavada una cruz para perpetua memoria.

28 Julio 1936 – Fernán Caballero (Ciudad Real)
En la estación de ferrocarril de Fernancaballero, a eso de las 5:00 de la tarde, en viaje hacia Madrid, cayeron a tierra 14 jóvenes claretianos. Las frías balas de fusil non consiguieron apagar el fuego de aquellos corazones. Todavía se oye el eco de su voz: ¡Viva Cristo Rey! ¡Os perdonamos de corazón!. Sus restos, hoy en la Cripta del Santuario del Corazón de María en Madrid, reposarán próximamente en la Parroquia de San Antonio Mª Claret, en Sevilla (14) y en la Iglesia de Jesús Nazareno, en Medellín (Colombia) (1 – Jesús Aníbal Gómez)
Su luz alumbra senderos de esperanza
Morir mártir, ¿para qué sirve? Entregar la vida por fidelidad a los valores del Evangelio no cotiza en nuestra sociedad, es ir contracorriente. Son muy elocuentes a este respecto unas palabras de Thomas S. Eliot en su bello poema Tierra Baldía: “En una tierra de fugitivos, aquél que camina en dirección contraria, parece que está huyendo”.
A más de uno le parecerá incluso que aceptar el martirio sea una traición a la vida. Pero no todo el mundo piensa así y es posible hacer otra lectura del gesto martirial como una sacudida contra la vanalidad y la superficialidad de la vida. El martirio está configurado por una gran dignidad de la propia conciencia y se convierte en el más elocuente testimonio de lo que uno ama. Así el mártir testimonia que Cristo es digno de fe y por ello guarda fidelidad hasta morir. Este vivir y morir en consecuencia está justamente en la línea de lo que más anhelan los hombres y mujeres de hoy. Su voz se hace creíble y su muerte les convierte en luz que alumbra un sendero de esperanza.
(Cfr. La epopeya de unos jóvenes claretianos: De Barbastro a Cervera y Fernancaballero; LA MISIÓN CLARETIANA 2011, pp. 47-51)

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