El fuego de la sexualidad


sexualidad-3El ser humano es sexuado. Todos nacemos incurable y maravillosamente sexuados. Eso forma parte de un complot entre Dios y la naturaleza. La sexualidad está siempre presente en nuestras vidas. Sin embargo se ha achacado a la Pastoral vocacional el negar, o al menos ser ingenua con respecto al poder de la sexualidad, como si ésta fuese un factor contrario e insignificante para el descubrimiento y desarrollo de una vocación de especial consagración.

Por otro lado, observamos cómo la naturaleza parece casi cruel para los jóvenes. Mucho antes de madurar emocional e intelectualmente, ellos están ya dotados de las hormonas de la vida. Cuentan con un cuerpo adulto antes de ser adultos en sus emociones y en su intelecto. Ese fenómeno es una fuente de riesgos físicos y morales en un adolescente que crece y se desarrolla en un cuerpo completamente adulto.

Además, hoy en día esto se ve agravado por el hecho de que la juventud comienza a una edad cada vez más temprana a la vez que termina cada vez más tarde. Curiosamente la mayoría aplastante quiere seguir siendo joven. Muchos lo simulan. La edad del casamiento o de la emancipación se ha ido retrasando. En muchas culturas una niña o un niño llegan a la pubertad a los once o doce años de edad y sólo unos veinte años más tarde se casarán. Esto plantea una pregunta obvia: ¿Cómo pueden contener emocionalmente y moralmente su sexualidad durante todos estos años? ¿Cómo plantear las opciones decisivas? ¿Tiene algo que decir la Pastoral Vocacional sobre esa circunstancia?

La pulsión sexual tiene una finalidad muy precisa: conservar el patrimonio genético, esto es, que crezcamos y que nos multipliquemos, que perpetuemos la especie humana. La naturaleza es inflexible en esto. Y Dios tiene algo que ver en esta conspiración.

Pero conservar el patrimonio genético es mucho más que tener hijos físicamente. No debemos ignorarlo. Hay otras maneras de tener hijos, aunque la naturaleza por sí sola no lo acepte con facilidad. La naturaleza quiere niños de carne. Sin embargo, hay otras formas de dar vida. Todos conocemos personas que, sin tener hijos, han sido y son mujeres y hombres maravillosamente generativos. De hecho, el celibato religioso se basa en esa verdad. Ello demuestra la poderosa dimensión espiritual de la sexualidad.

La naturaleza y Dios nos someten a la presión implacable de mantener abiertas nuestras vidas a algo más grande que nosotros mismos y a ser conscientes de que la comunión con los demás, con el cosmos y con Dios es nuestro verdadero objetivo. Nuestra sexualidad es tan grandiosa que nos incita a amar a todo el mundo. ¿No forma parte también esto de la plenitud humana realizada?

¿Cómo plantear este asunto en la Pastoral Vocacional? Centro mi opinión en un par de apuntes: En primer lugar, como animadores vocacionales debemos reconocer de manera más realista la fuerza bruta de la sexualidad para integrar su compelejidad en nuestros esquemas pastorales y ayudar mejor a nuestros jóvenes. Hay que tratar el tema con hondura. En segundo lugar, debemos ser mucho más empáticos y pastoralmente sensibles a los itinerarios de maduración afectiva de nuestros jóvenes y en particular a los problemas que les acosan a causa de su sexualidad.

La sexualidad es un fuego sagrado. Toma su origen en Dios y está poderosamente presente en el interior de la creación. La vocación nunca es una negación de la sexualidad.

Juan Carlos cmf

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s