El lenguaje vocacional


Image82Febrero 2013

La Pastoral Vocacional es una tarea eminentemente comunicativa. Intenta transmitir a otros un mensaje que pretende ser seductor, no solo informativo. Esa transmisión necesariamente pasa por el cuerpo, que es el primer gran comunicador. Interpelamos a otros por medio de palabras, pero sobre todo con gestos, con silencios, con estilos… Y debemos cuidar esto último, sin olvidar aquellas. ¿Existen algunas “recetas” que orienten la comunicación vocacional?

  • Los mensajes no verbales son tu carta de presentación. Cuida, pues, la primera impresión que das. Antes de abrir la boca, tu interlocutor ya se ha hecho una idea de cómo eres. Atención a tus gestos y expresiones. Hablan sin voz. En la creación de la cultura vocacional que, como sabes, es cosa de todos, es de una trascendencia enorme.
  • Comunicas antes de hablar. No creas que la comunicación con los demás empieza cuando intercambiamos palabras. Lo cierto es que ha comenzado mucho antes. Desde el primer contacto visual estás transmitiendo mensajes. Así, la primera comunicación que los otros reciban de ti depende sobre todo de lo que digas sin palabras. No sabemos explicar por qué ocurre esto. Pero lo hacemos todos sin excepción y en sólo unos instantes. Y los demás lo hacen también con nosotros. Por eso es muy útil conocer qué dicen nuestro cuerpo y nuestros gestos.
  • Al dirigirte al otro mírale a los ojos. Está comprobado que enviamos y recibimos con los ojos más mensajes que con cualquier otra parte del cuerpo. El contacto visual es esencial para conectar con los demás. Esquivar la mirada es signo de que escondemos algo. Mirar a los ojos -sin intimidar- es esencial para que crear un ámbito de autenticidad y confianza, que posibilita el ulterior acompañamiento. Es, pues, esencial aprender a mirar a los ojos. Lo que impida la mirada directa limita el potencial de comunicación.
  • Tu rostro es “palabra”. Algunas investigaciones realizadas indican que el cerebro humano parece tener preferencia por los rostros felices y los reconoce más fácil y rápidamente. Es –como se ha denominado– el efecto “cara feliz”. Mostrar una sonrisa es una buena manera de generar una primera impresión positiva, si es que la sonrisa es auténtica y no postiza. La sonrisa verdadera se detecta además en los pómulos y en los ojos. Si es exageradamente prolongada –de 5 a 10 segundos– será muy probablemente falsa. Las expresiones faciales ayudan a los otros a saber interpretar lo que les decimos. El rostro es el garante de credibilidad de nuestras palabras.
  • No nos vemos a nosotros mismos. Por eso es difícil comprobar qué comunicamos. Son los otros quienes nos dan a conocer lo que les estamos diciendo. Son ellos quienes nos dicen qué han percibido. Hacen de espejo. Sus comentarios son el reflejo necesario para advertir lo que realmente expresamos, para progresar y evitar situaciones de bloqueo o interferencias.

Después vendrán las palabras… que tendrán fuerza solamente si van cargadas de verdad y de amor (caritas in veritate). Pero, ambas prefieren ataviarse con gestos y obras más que con palabras.

Juan Carlos cmf

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