Invitar a “ser el primero”


3D Character - 93«Entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo: Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos». ¿Acaso condena Jesús, con estas palabras, el deseo de sobresalir, de hacer grandes cosas en la vida, de dar lo mejor de uno, y privilegia en cambio la mediocridad y el espíritu abandonista? Así pensaba el filósofo Nietzsche, quien se sintió en el deber de combatir ferozmente el cristianismo, reo, en su opinión, de haber introducido en el mundo el «cáncer» de la humildad. En su obra “Así hablaba Zaratustra” él opone a este valor evangélico el de la «voluntad de poder», encarnado por el superhombre, el hombre que debe alzarse, no abajarse.

Los animadores vocacionales no debiéramos interpretar mal el pensamiento de Jesús. Lo que quiere decirnos el Evangelio es claro. «Si uno quiere ser el primero…»: por lo tanto, es bueno proponer “ser el primero”; no está prohibido, no es pecado. No sólo Jesús no prohíbe el deseo de querer ser el primero, sino que lo alienta. Sólo que revela una vía nueva y diferente para realizarlo: no a costa de los demás, sino a favor de los demás. Por eso añade: «…sea el último de todos y el servidor de todos».

¿Pero cuáles son los frutos de una u otra forma de sobresalir? La voluntad de poder conduce a una situación en la que uno se impone y los demás sirven; uno es «feliz» (si puede haber felicidad en ello), los demás infelices; sólo uno sale vencedor, todos los demás derrotados; uno domina, los demás son dominados.

Casi todos los males de la humanidad provienen de esta raíz. En su carta el apóstol Santiago se plantea la angustiosa y perenne pregunta: «¿De dónde proceden las guerras?». Jesús, en el Evangelio, nos da la respuesta: ¡del deseo de dominación! Dominación de un pueblo sobre otro, de una raza sobre otra, de un partido sobre los demás, de un sexo sobre el otro, de una religión sobre otra… y, añadimos, incluso de una vocación sobre otra.

En el servicio, en cambio, todos se benefician de la grandeza de uno. Quien es grande en el servicio, es grande él y hace grandes a los demás; más que elevarse por encima de los demás, eleva a los demás consigo. Tal fue la verdadera gloria de la Madre Teresa de Calcuta, Raoul Follereau, los mártires de Barbastro y todos los que diariamente sirven a la causa del evangelio, algunas veces incluso con riesgo para su propia vida.

La Pastoral vocacional debe recordar las palabras de Pablo: «En las carreras del estadio todos corren, mas uno solo recibe el premio», dice San Pablo (1 Co 9,24). Luz verde, por lo tanto, a ese deporte inventado por Cristo en la que el primero es quien se hace último de todos y siervo de todos.

Juan Carlos cmf

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