Cuaresma. Un tiempo para crecer por dentro (y hacia los demás).


 

cuaresma2013Hay tres cosas que se nos piden con insistencia en cada Cuaresma, o mejor, cada Cuaresma nos insiste en tres cosas, alguien diría que son los pilares de la cuaresma: la oración, la justicia y el arrepentimiento. Y las tres tienen una importancia grande por su capacidad de “retorno” y “reparación”. En primer lugar la oración, si es verdadera, como diálogo con Dios y encuentro con él desde la realidad personal y social, comunitaria e íntima, pone delante de él todo lo que somos y hacemos con nosotros mismos, con los demás y con el entorno y nos permite asumir las consecuencias de ello.

Es, por así decirlo, poner delante de Dios nuestras acciones y esperar su juicio, que incluso puede ser revocatorio de un fallo adverso y contribuir a ganar la gracia del Señor, es el misterio de la misericordia y el amor que perdona… pero no se queda ahí.

 En segundo lugar está la justicia de los actos, casi que de la vida, que sin lugar a dudas, no condicionará ni influirá en las “decisiones del altísimo” pero que indudablemente influyen en la vida personal y en la del prójimo, en la de los demás…

Y en tercer lugar está el arrepentimiento, que en cuaresma ligamos a la oración y a la justicia, pero que resulta a veces difícil y enigmático.

Si lo buscamos en la experiencia de las traducciones bíblicas lo tenemos que hacer cercano al concepto de “Teshubá”, que es lo que los griegos tradujeron como “metanoia”, cambio de opinión o de meta, arrepentimiento.

En la tradición bíblica, sobre todo de los profetas, la Teshubá no significa el arrepentimiento o la conversión como lo han traducido tantas veces para nuestra espiritualidad cristiana, sino “retorno y respuesta”, todo esto derivado del verbo Shub o Yashub de donde proviene. Para la espiritualidad hebrea Teshubá es “retornar al camino correcto, al sitio donde se tropezó, al momento del desvío” y de ahí recomenzar…

En la cultura griega, como decíamos arriba, la metanoia se da al llegar a la hamartía, el paso en falso, el error que desencadena la tragedia… la hamartía, es casi que la llegada a un lugar o momento irreparable, visto a última hora, cuando ya todo se ha producido, y entonces los héroes “escuchan el oráculo” y quedan atrapados en la tragedia y sometidos al destino… ahí se ha dado la metanoia.

En la Biblia, sin embargo, llegados a este punto, sin desconocer los efectos trágicos de las acciones, se da una alternativa, otra posibilidad, y en lugar de anunciar la tragedia, se hace una advertencia, y se abre, otra vez, un espacio y un lugar para volver sobre los propios pasos… Y eso es acompañado y avalado por Dios, eso es en esencia lo que celebra y acontece en Yom Kippur... el día de la expiación.

Siguiendo, pues, las raíces hebreas de nuestras celebraciones cristianas, en definitiva cuaresma es “regresar a uno mismo”. Revisar y reparar, como posibilidad humana, otorgada por Dios; volver a partir y no quedarse presos de la culpa. Por eso retornar no es volver hacia atrás, sino, efectivamente, caminar hacia adelante

Cuaresma nos llama a responder a la demanda ética, responder a nuestra conciencia, responder a nuestros prójimos que sufren y reclaman ayuda. Responder también a nuestros deseos y acciones como responsabilidad propia y cuyas consecuencias no le podemos atribuir a Dios. Ese es el trasfondo del evangelio de las tentaciones de Jesús.

Y aquí viene la presencia del Espíritu en esta experiencia cuaresmal: Dios nos hace el llamado a través de él, “movidos por el Espíritu” somos puestos en este punto y en esta hora, y nos corresponde dar respuestas.

Y el Spiritus Domini, para los claretianos y claretianas que vivimos la Fragua en la vida cotidiana, nos mueve a confrontarnos con la misión, con la vocación que tenemos frente al Reino, la iglesia, la congregación y la provincia. El Espíritu nos pone en este momento cuaresmal para que demos respuestas o tomemos decisiones.

Y tenemos modelos, hombres y mujeres que hicieron sus propias cuaresmas y que nos sirven de ruta:

Adán, que llegado al momento de la desobediencia es llamado por Dios: “¿Dónde estás? ¿Qué hiciste?”, se esconde y evade la responsabilidad en el asunto. Abram, que convocado en su momento, va y responde: “hineni”, “aquí estoy” y se pone en marcha. Tantos profetas. Tantos hombres y mujeres del Antiguo Testamento.

Jesús mismo es modelo cuaresmal: “no solo de pan vive el hombre”, “apártate de mí satanás”, “¡subamos a Jerusalén!”… “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”…

Muchos claretianos incluso han recorrido sus propias y particulares cuaresmas y nos sirven de guía

Que esta Cuaresma y esta etapa final de la Fragua, el Spiritus Domini, nos permita retornar y ser un poco mejores, más fieles a nuestra misión, con amor, entereza y responsabilidad, en oración, justicia y solidaridad.

Y, ¿por qué no? Una feliz cuaresma para todos y todas!

Juan B. Flórez P. cmf
Prefectura de Espiritualidad
Provincia de Colombia Venezuela.

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