Cultura Vocacional


que-pinta-diosCarta de Animadores Vocacionales
Misioneros Claretianos. Padres y Hermanos.
Junio de 2014
Todos experimentamos la urgencia de contar en la Iglesia con una animación vocacional seria, estable y válida. Pero con frecuencia, esos deseos se quedan frustrados porque nos falta una cultura sobre la que se apoye y sustente. Si queremos consolidar, verdadera y seriamente, la pastoral vocacional, es necesario robustecer, cuando no crear, la cultura de la vocación y no continuar haciendo “emergencia vocacional”, puntual y excluyente, dedicada sólo a algunas selectas vocaciones.
Conviene recordar con insistencia qué es eso de cultura vocacional para desterrar cuanto antes una animación vocacional superficial, frágil, episódica, parcial, sólo para algunos y con una propuesta muy débil, casi insignificante. De lo contrario, la solicitud por las vocaciones, como el manto de Penélope, será una empresa condenada a estar comenzando perpetuamente.
Ahora bien, fijemos esto en la memoria: Para crear una cultura, se necesitan estos tres elementos:
1) En primer lugar una men-talidad objetiva, que consiste en una buena síntesis teórica del verdadero sentido de la
vocación y de la pastoral vocacional, de sus razones pro-fundas y del fin al que aspira. Esta teoría debe avivar en todos la fuerte convicción de que Dios Padre, en cada instante y a través de mediaciones históricas, llama a todos sus hijos –hombres y mujeres– a reproducir la imagen de su Hijo. Dios, Padre y Creador, ha impreso en cada vida humana una vocación y esa vocación es siempre una gracia que todos debemos promover y cuidar.
2) Pero, de poco sirve el con-vencimiento teórico si no se traduce en sensibilidad, en convicción afectiva. Tal certeza nace de la percepción de su altísimo valor y reclama la implicación activa para extenderla a todos. Porque si no se entiende y se vive como vocación, la vida se convierte en una permanente insatisfacción. La mentalidad define la verdad de la animación vocacional y la sensibilidad despierta el deseo eficaz de que todos descubran su llamada y respondan positivamente a ella con libertad. Al enfoque intelectual debe seguirle, pues, otro más experiencial, que comprometa las fuerzas y el interés de los miembros de la comunidad cristiana.
3) Finalmente, para construir una auténtica cultura vocacional, se debe disponer de una pedagogía correspondiente, con sus propios procedimientos e itinerarios, aptos para traducir la teoría en método y estilo pastoral. De esta manera la animación vocacional llega a ser camino educativo a través de las mediaciones y las circunstancias de la vida. Por desgracia, a menudo la pedagogía queda reducida a tinta escrita que mueve muy poco. Tenemos muchos planes y son pocos quienes los llevan adelante. Falta la sensibilidad de la que hemos hablado. Tal vez sea ésta la parte más deficiente de la animación vocacional. Si una teología no se transforma en pedagogía, queda reducida a fuegos artificiales que se esfuman o a entretenimiento inútil, que solo produce frustración.
Hemos de encontrar vías válidas para construir una pastoral vocacional asentada en una vigorosa cultura. De esta manera cada vida humana será una obra maestra de Dios Padre, una excelencia.
Juan Carlos Martos Paredes cmf

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