Las cinco “efes” de la vida misionera. Gonzalo Fernández Sanz. cmf


100px-Latin_FHe pasado diez días con nuestros hermanos de la misión de Gabón. Me ha dado tiempo a hacer la visita canónica a las cuatro mini-comunidades (Libreville, Akieni, Okondja y Franceville) y presidir la asamblea anual en nuestra casa de Mingara. Ahora escribo en nuestra comunidad de Libreville horas antes de emprender el vuelo de regreso a Roma. En la eucaristía que celebramos para concluir la asamblea, en presencia de la comunidad cristiana de Notre Dame de l’Espérance de Franceville, presenté las cinco “efes” que caracterizan nuestra vida misionera. Las presenté en francés, pero se pueden aplicar también a otras lenguas habladas en la Congregación. Siguen siendo “efes” y siguen siendo “cinco” (o tal vez seis).

FRANÇAIS ESPAÑOL ENGLISH ITALIANO PORTUGUÊS
Foi Fe Faith Fede Fé
Fraternité Fraternidad Fraternity Fraternità Fraternidade
Fecondité Fecundidad Fecundity Fecondità Fertilidade
Formation Formación Formation Formazione Formação
Fidélité Fidelidad Fidelity Fedeltà Fidelidade
1. La fe
Sin fe no se explica nuestro estilo de vida: “Aunque los Misioneros necesiten todas las virtudes, ante todo para poder responder a la propia vocación, deben tener una fe viva” (CC 62). Nunca sabremos bien lo que significa creer en Dios. En medio de una aparente vida de fe, todos nosotros llevamos un ateo dentro, alguien que no acaba de abandonarse al Misterio que sostiene el universo. Se han mutiplicado en los últimos días las opiniones de científicos de renombre que se declaran ateos. Por su repercusión mediática destaca la del astrofísico inglés Stephen Hawking. Las opiniones del “ateo” británico Richard Dawkings parecen más una obsesión contra la religión que un planteamiento serio del problema. Pero todo nos cuestiona y estimula. ¿Podemos seguir creyendo ingenuamente cuando la ciencia nos adentra en el complejísimo proceso del origen del universo y de la vida? ¿Quién es Dios? ¿Cómo nos relacionamos con él? ¿Qué implicaciones reales tiene en nuestra vida cotidiana?
2. La faternidad
No seguimos a Jesús en solitario sino en comunidad misionera. Nuestra fraternidad se alimenta, sobre todo, en la Eucaristía (cf. CC 12); se expresa en el trabajo apostólico en equipo (cf. CC 85); se comparte bajo la autoridad de un superior (cf. CC 89); se fomenta con las visitas (cf. CC 130), etc. Hace tiempo que la solidaridad ha ganado el terreno a la fraternidad. Y ambas se encuentran amenazadas hoy por el solipsismo de la cultura contemporánea. ¿Qué significa ser hermano de alguien con quien convivo y trabajo y a quien, a veces, conozco poco? ¿Es lo mismo que ser socio, camarada o amigo? ¿Cómo derrota la fraternidad los demonios de la indiferencia, la distancia, la envidia o los celos?
3. La fecundidad
La castidad que profesamos ” se convierte en una peculiar fuente de fecundidad espiritual en el mundo” (CC 21). Este pasaje es la única vez que las Constituciones emplean el término fecundidad. Llama la atención que lo hagan en relación con el voto de castidad, que con frecuencia se asocia a lo contrario: la esterilidad. En otros contextos, las Constituciones hablan de eficacia: “Esfuércense por llegar a la plena madurez de Cristo para que puedan comunicar con mayor eficacia a los demás la gracia del Evangelio” (CC 51); “… puedan responder con mayor eficacia a las necesidades de los hombres” (CC 74); “Y ya que han sido tomados de entre los hombres y constituidos en favor de ellos en todo lo que se refiere a Dios, para que puedan servir con mayor eficacia a los mismos hombres, no permanezcan ajenos a su vida y vicisitudes, antes bien, convivan con ellos como con hermanos, haciéndose todo para todos” (CC 83). Eficacia significa “la capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera” (DRAE). Fecundidad es “la virtud y facultad de producir” (DRAE). La eficacia está más ligada a los talentos y destrezas que uno posee en orden a conseguir algo. La fecundidad tiene que ver con la energía transformadora que sale de dentro. Aunque ambos conceptos se complementan, nosotros no estamos llamados a hacer muchas cosas según los criterios modernos de productividad sino, sobre todo, a ser fecundos, a dar fruto: “No me elegisteis vosotros; yo os elegí y os destiné a ir y dar fruto, un fruto que permanezca; así, lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederé” (Jn 15,16). ¿Damos fruto o hacemos cosas?
4. La formación
Se suele repetir que el nombre actual de la renovación de la vida religiosa es “formación”. Las Constituciones no utilzan la expresión “formación permanente o continua”, pero se refieren a ella con claridad: “Es necesario que nuestros hermanos progresen al mismo tiempo en virtud y ciencia, para estar a la altura de los tiempos y ser idóneos para ejercer fructuosamente el ministerio” (CC 56). La pereza y la rutina acaban convirtiéndonos en misioneros semimuertos, sin chispa. ¿Es posible todavía despertar la curiosidad, el deseo de seguir creciendo, la preocupación por encontrar nuevas respuestas a los retos de la evangelización? ¿Tiene hoy vigencia la formación continua?
5. La fidelidad
Las referencias a la fidelidad son abundantes en las Constituciones, sobre todo en el capítulo dedicado a los novicios: “Deben afianzarse profundamente en la fe, más aun, vivir de la fe, especialmente cuando experimenten dudas en la fidelidad a su vocación” (CC 62); “Una vez convencidos de este llamamiento, esfuércense por responder con su propia fidelidad a la fidelidad de Dios, con Espíritu alegre y generoso” (CC 67). Una de las tareas de los visitadores en las reuniones con cada comunidad es la de “estimular las mentes y voluntades de todos a la fidelidad” (CC 130). Nos piden que nos examinemos cada día “de nuestra fidelidad al Evangelio” (CC 37) y también que seamos fieles a la oración diaria: “La oración diaria, hecha con fidelidad, sigue siendo una necesidad primaria tanto para la Comunidad como para cada uno de los Misioneros; por eso se le debe conceder un puesto prioritario en nuestra vida” (CC 37). También la fidelidad afecta a nuestra misión: “Debemos anunciar la Buena Nueva del Reino en fidelidad y fortaleza” (CC 46).
Quizá, a estas cinco “efes”, habría que añadir una sexta, que es el fruto de todas ellas: “felicidad”. Es más creíble un misionero feliz que un amargado. Pero la felicidad ni se compra ni se vende: se siembra.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s